jueves, 28 de noviembre de 2019

126-UN DÍA EN LA VIDA CON LOS HIJOS

(Fomentando la convivencia familiar)

Hoy por la tarde, cuando el cielo comenzaba a matizarse con los tiernos colores del ocaso, nos pusimos a jugar pelota con mi hija. Exclamaba de alegría cuando me marcaba anotaciones, y en su conteo alardeaba de ir ganándole a su papá.
Su cuerpito aún cuatreañero era compensado por su agilidad para ir tras la esfera ahulada que rebotaba impredecible hacia cualquier dirección.
Los niños no tienen merma, y en su incansable imaginación marcan el mundo de dinamismo buscando vivir experiencias a su máxima potencia; por eso preguntan, por eso exploran, por eso curiosean, por eso van más allá del área de control que los padres intentan delimitar.
Más tarde, cuando sintió la incomodidad de la humedad del sudor en su cuerpito, y al agitar su camisa con la idea de refrescarse, tuve que aprovechar para invitarla a sentarnos un rato para descansar.
Ahí nos pusimos a platicar frente a las flores del jardín y viendo hacia el cielo cuando la noche caía sobre nosotros.
Sí, observamos las nubes, y como es ya clásico en los niños, comenzamos a identificar figuras y a inventar historias de los animales que se visualizaban, qué hacían, por qué estaban ahí y para a donde se dirigían.
De pronto, en el horizonte se comenzaron a divisar algunos relámpagos.
Ella pensó que se acercaba una tormenta por lo que me pidió que nos fuéramos para adentro.
Ahí tuve la oportunidad para inventarle otra historia, y le dije que se tranquilizara, que solamente se trataba de una nube de lluvia bebé que iba muy lejos, y andaba buscando a sus papás. Después, nos divertíamos al ver que cada flashazo detrás de la nube que poco a poco se iba alejando, eran gritos de felicidad porque ya había encontrado a sus padres.
En eso estábamos, cuando una voz desde adentro de la casa nos llamaba: “Vengan, ya está la cena…”, era la reina de la casa que nos convidaba a la exquisitez de su mesa.
Y mientras nos dirigíamos hacia adentro, dejamos atrás el patio que bajo la tenue luz de un día más que se extinguía, nos había regalado agradables momentos, al calor de la familia.

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