sábado, 23 de septiembre de 2017

012-SANTO O NADA

La apostasía, la confusión religiosa y la flojera espiritual nos han hecho conformarnos con ir a la iglesia y ponernos el epíteto de cristiano o algo similar.
Llegamos al extremo de autollamarnos cristianos sin siquiera leer la Biblia; y temerariamente hasta llegamos a dudar de su autoridad como guía espiritual.
Por eso, cuando nos preguntan si somos santos, dudamos; es lógico: no lo somos.
Pero en la iglesia primitiva así se llamaban porque así vivían.
Pablo así los llamaba desde que los perseguía y luego en todas sus epístolas.
Es que el evangelio genuino nos hace diferentes; nos hace santos.

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