septiembre 09, 2013

170- QUIEN ASESINO AL CONSULTOR

El día viernes 6 de septiembre de 2013, justo en su hora de almuerzo, el consultor internacional que había estado trabajando en un apartado para lo modernización del estado, salió a un banco a cambiar el cheque que había recibido por sus honorarios, para lo cual la institución le facilitó un vehículo oficial, lo cual no sería raro que estuviera contenido en alguna cláusula contractual, ya que muchos consultores apenas conocen la ruta del hotel hacia la institución para la cual laboran.
Partiría el siguiente día rumbo a su país de origen en Suramérica.
Qué por qué no hizo una transferencia a su país y se arriesgó a portar tanto efectivo, es una de las tantas preguntas que quedan sueltas, pero que sin duda tendrá sus propias explicaciones, como algunos relacionados a ese ámbito lo manifiestan. Lo cierto es que viniendo de otro país no consideró el riesgo de su acción. Quizá ninguno de los que vivimos aquí haríamos algo así ni con mucho menos dinero que lo que él portaba.
 
De la agencia bancaria a la institución hay pocas cuadras, por lo que el demonio no tuvo mucho tiempo para dar seguimiento y buscar el lugar más oportuno para asestar el atraco, como acostumbra casi todos los días contra muchos ciudadanos.
Así que en plena luz del día, en plena hora pico, en plena arteria saturada de vehículos, frente a multitud de negocios importantes que cuentan con personal de seguridad y cámaras de vigilancia, los sujetos bajaron de un vehículo y con toda la relajación del mundo quebraron el vidrio de la ventanilla del pasajero, donde iba el consultor con su estipendio, y luego de un leve forcejeo recibió un disparo mortal en la cabeza, quedando algunos billetes regados incluso en la calle.
Todos vieron lo que ocurrió, literal y figuradamente: era hora de almuerzo y por ende había una considerable movilidad vehicular e incluso de transeúntes. Estaban atascados frente a un semáforo y rodeados de vehículos, a parte de todos los dispositivos de seguridad de la zona.
Y ahí es donde viene la pregunta obligada, ¿Por qué los delincuentes actúan con toda frivolidad en el momento y lugar que se les dé la gana sin que corran ningún riesgo?.
Pues las patrullas de la policía llegaron en cuestión de un par de minutos pero a cuidar la escena, mientras los asesinos podrían estar a un par de cuadras escurriéndose entre la aglomeración de vehículos.
 
El caso se vuelve notorio porque el turno de víctima le correspondió a un extranjero con un gran valor y acerbo en materia de gestión pública; con una trayectoria brillante en puestos de dirección en instituciones importantes en su país; admirado por casi todos sus conocidos, según las muestras de condolencia en medios virtuales de su país.
Y se encontraba vertiendo una cuota de su vasto conocimiento que debería traducirse consecuentemente en productividad, eficiencia y empuje al desarrollo de este país; pero ante tal aporte a la sociedad, aparece inusitadamente tras la oscuridad la sombra tenebrosa del mal, encarnada en la inseguridad y la delincuencia que agobia a toda la región, y qué contrariamente tienen un efecto negativo en el desarrollo de cualquier país; y es justo ante tal paradoja de la vida, que es imposible evitar que desde lo más hondo de cualquier noble corazón exhale con indignación un sentimiento y un quejido profundo: ¡Qué tremenda injusticia!.
Por eso, ante la insistente y perturbadora pregunta sobre ¿Quién asesinó al consultor?. Lo más fácil es decir que fueron un par de delincuentes en un auto gris como citan los periódicos; pero la respuesta más correcta trasciende hacia el monstruo que con el paso de los años ha ido creciendo y extendiendo sus tentáculos casi en todas las esferas de la vida y escalando hasta los más altos escaños de la misma institucionalidad.
Mientras menos hagámos el bien, más crecerá la maldad.

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