noviembre 20, 2012

133- TRANSFUGA DE DIPUTADOS

La última tránsfuga de diputados de un partido político ha despertado apreciaciones encontradas como es típico en un sistema inmaduro; principalmente cuando previamente se había rumorado mucho sobre la posible compra de voluntades.
Los que condenaron a los diputados de voto disidente argumentaron que habían traicionado la posición colegiada del partido y principalmente la voluntad de la población que había establecido sabiamente un equilibrio de fuerzas en la asamblea.
Los que aplaudieron el voto disidente de los cuatro diputados aludieron a la madurez democrática que exige la libertad de conciencia para que los representantes del pueblo puedan votar libremente sin compromisos ni intereses partidarios.
Ambas posiciones tienen la razón en la picardía con que dicen las cosas; pero la pierden totalmente en la realidad práctica con que actúan.
Es cierto que el pueblo votó por equilibrio y que la disidencia es una violación a esa voluntad expresada por medio del voto; y también es cierto que los diputados deberían votar con libertad de conciencia.
El grave problema es que en nuestra realidad no es esa la costumbre. Nadie vota con libertad de conciencia. Todos atienden a una línea partidaria al grado que a las plenarias bien pudieran asistir solo los 6 jefes de fracción a levantar sus manos. Sería suficiente. Es el mismo resultado obtenido con los 84 curules ocupados.
Soñamos un día con esas votaciones como en los países desarrollados, en donde la votación realmente es por libertad de conciencia y por lo mismo diferenciada sin ataduras partidarias más que la escuela política que representan.
Pero nuestra realidad tristemente es otra, y simplemente se trata de un desmoronamiento socavado por intereses particulares.

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