diciembre 01, 2011

88- LA AFINIDAD NO ES ARGUMENTO

Otro de los muy usuales argumentos pro-homosexuales que se esgrimen con mucha astucia y fortaleza es el hecho de que la práctica ha demostrado la posibilidad que dos personas del mismo sexo que conviven como pareja puedan realmente ser felices y hasta criar y educar con valores a los hijos que por cualquier razón hayan procreado previamente.

Incluso, sobre esto abundan testimonios de parejas homosexuales luchadoras y que han salido adelante. No cabe ninguna duda sobre esta posibilidad.

a) El tema de economía
Esta situación se ha utilizado para exigir un trato igualitario en la sociedad lo cual tiene sentido desde el punto de vista ciudadano. Pero que para ser objeto de créditos tengan que mancomunar los ingresos de dos personas puede hacerse hasta por dos hermanos.
En este sentido, la exigencia al derecho más bien va encaminada a razones de justicia social y no de discriminación como se ha querido manipular.
Ciertamente los gobiernos deben trabajar mucho en procurar tratos más justos e igualitarios y acceso a facilidades para el desarrollo socio-económico de las clases trabajadoras más desposeídas; pero esto es un aspecto del campo económico que afecta por igual a todos los ciudadanos independientemente de sus preferencias sexuales.

b) Entre amigos y más que amigos
Una de las más sólidas excusas de estas relaciones se basa en el profundo nivel de afinidad, comprensión y apoyo que comparten con la otra persona del mismo sexo.
Manifiestan que en nadie del sexo opuesto pudieron encontrar la sinceridad y el cariño que les brinda su pareja.
El apoyo, comprensión y entrega desinteresada pueden ser reales; el problema es que se confunden y fusionan en la disfunciónsexual. Se entremezclan con su inclinación aberrada.
Esto es así, porque ese nivel de afinidad, que por cierto es relativo, también se experimenta entre dos personas del mismo o del sexo opuesto heterosexuales. Eso también está claro, ya que igualmente abundan ejemplos de excelentes amigos y amigas que hasta duermen juntos, se apoyan e incluso pintorescamente “comen en el mismo plato”. Es lo que se conoce como los verdaderos amigos.
Igualmente podrán existir parejas homosexuales con deterioradas relaciones de afinidad e historial de maltratos. Así que los conceptos son totalmente independientes y no vinculantes; lo que sucede es que ambas facetas de la vida están confundidas.

c) Una cruz a vencer
No existe ninguna justificación para lo que claramente está definido como la tergiversación del correcto funcionamiento de la facultad sexual de las personas. Del uso de los órganos del cuerpo para los fines exclusivos para los cuales Dios los creó.
Ciertamente se trata de una terrible cruz que desafortunadamente les ha tocado sobrellevar; y cuyo propósito no es otro sino el pasar por el crisol de la continencia, la fuerza de voluntad y la victoria sobre uno de los más grandes y aparentemente indomables poderes de la humanidad: la sexualidad.
Afortunadamente existen multitud de testimonios, recursos e instituciones dispuestas a prestar su ayuda a todos los que reconociendo su estado recurran en busca de auxilio. Incluso se han desarrollado métodos y tratamientos efectivos. En suma, hay más de una puerta y una mano al alcance para no naufragar en el pecado de la desnaturalización.
Otra cosa es la situación de muchas de estas personas que no tienen la más mínima intención de emprender la azarosa y nada fácil jornada hacia el cambio, los cuales incluso hasta llegan a sentirse orgullosos de su situación.
Es poco lo que se puede hacer en estos casos; y solamente advertir que deberán dar cuenta ante su creador de lo que debió haber hecho y no hizo.

Muchos piensan pedirle cuentas a Dios por haberlos hecho nacer con esa condición; pero su argumento se les puede revertir cuando precisamente Dios les pida cuenta sobre el esfuerzo que hicieron para salir de dicha condición, ya que esa era su misión en la vida, la tarea asignada.
Las personas que con ayuda han logrado salir de ese túnel, sin lugar a dudas tienen la fortaleza y madurez que les convierte en verdaderas autoridades sobre el manejo, subyugación y uso racional de la pasión sexual, por lo que merecen nuestro respeto, reconocimiento, admiración y bendición.

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