octubre 08, 2011

80- LAS TARJETAS DE DESCREDITO

Resulta indignante y realmente molesto como en una batalla de intereses económicos y políticos se atropella vorazmente la sensatez de la población por medio de abundantes artículos periodísticos en su mayoría apasionados y claramente orientados a objetivos particulares; desde los que están a favor hasta los que están en contra.
Todo ha surgido a partir de la aprobación en el seno del poder legislativo de la reforma al artículo 19 de la Ley de Tarjetas de Crédito que establece una relación directamente proporcional entre tasas de interés pasivas y activas. Dicho de otra manera, un techo a las tasas de interés.
No nos incumbe razonar posiciones. Pero sí nos interesa tratar el verdadero asunto de fondo; llegar a la sensibilidad y realidad de los verdaderos consumidores del producto denominado “tarjetas de crédito”, que en muchos casos se convierte en “tarjetas de descredito” porque impulsan al ciudadano común a caer en la trampa de las deudas por ignorar el elemental principio de la solvencia financiera:
“No gastar más de lo que se gana”

Llama la atención que en lo que sí todos los  analistas y articulistas coinciden es en que esta masa de población supuestamente afectada al retirarles  sus tarjetas por ser las de mayor tasa de interés son en su mayoría familias y microempresarios.
¿Acaso no arroja este dato una luz contundente?
¿Por qué la insolvencia de estas familias y microempresarios?
¿Será acaso el consumismo una de las causas de la pobreza?
Entendiendo por consumismo la compra impulsiva de lo que se desea y no de lo que se necesita; y entendiendo por deseo la avidez no razonada de poseer lo que ofrece el comercio y la mercadotecnia mediática.

Según la Superintendencia del Sistema Financiero hasta junio de 2011 la deuda en tarjetas de crédito era de $642.3 millones, lo cual representa un importante capital que genera considerando una tasa promedio de 30% más de $16 millones mensuales en intereses que provienen según todos los analistas de las mismas clases más desfavorecidas.
También esta situación muestra la irracional propensión al consumismo de la población sobre lo cual casi ninguna institución se preocupa por educar a los consumidores.
Uno de estos artículos manifiesta que el 70% de los pagos que hacen las personas con tarjetas de crédito corresponden a restaurantes; aunque parece sobredimensionado nos da la pauta para ver el mal uso que se le da a la tarjeta.
Recientemente una persona con un empleo modesto de unos $400.00 como máximo nos presumía su teléfono de última generación, sus zapatos de más de $100.00 dólares y la próxima adquisición de un equipo de sonido de casi $1,000.00. Obviamente es uno de los que se encuentran anegados por la trampa de los pagos mínimos y deudas con crecimiento exponencial por mal manejo de las tarjetas.
Así podríamos contar muchas historias de personas que la falsa ilusión de disponer con dinero adicional al de su salario se les ha convertido en una cárcel donde purgan la pena de la tarjeta de descrédito en la institución que ficha a los morosos.

                Entonces, considerando que estas importantes y sin duda útiles herramientas en todas las economías del mundo pueden convertirse en un real peligro para las personas no advertidas; el comercio y los gobiernos deberían ser responsables en proporcionar antes o junto con cada tarjeta el riesgo implícito por su abuso, algo así como con los cigarrillos en sus mismas cajetillas. Por ejemplo:

“No convierta su tarjeta de crédito
en tarjeta de DESCREDITO;
úsela responsablemente”

“No gaste más de lo puede pagar”

“Esta tarjeta no es dinero es deuda”

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