agosto 14, 2011

72- ENTRE EL HUMO DEL CIGARRO Y DE LA GENTE

Ni siquiera pensamos que fuera necesario reflexionar sobre este tema por lo obvio y trillado que puede resultar su abordaje; y además, por el mismo hecho de que prácticamente todo los países occidentales cuentan con una ley del tabaco.
De hecho, todo proviene de la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) a través del Convenio Marco para el Control del Tabaco (CMCT) del cual son parte 174 de los 193 miembros que conforman la OMS; y del cual nuestro país es signatario desde el 18 de marzo del 2004. Dicho convenio entró en vigor el 27 de febrero de 2005.

Este documento en su artículo 8 es explícito en reconocer el perjuicio del humo:
1.    Las Partes reconocen que la ciencia ha demostrado de manera inequívoca que la exposición al humo de tabaco es causa de mortalidad, morbilidad y discapacidad.
2.    Cada Parte adoptará y aplicará, en áreas de la jurisdicción nacional existente y conforme determine la legislación nacional, medidas legislativas, ejecutivas, administrativas y/u otras medidas eficaces de protección contra la exposición al humo de tabaco en lugares de trabajo interiores, medios de transporte público, lugares públicos cerrados y, según proceda, otros lugares públicos, y promoverá activamente la adopción y aplicación de esas medidas en otros niveles jurisdiccionales.

Pero este artículo es todavía fundamentado en las Directrices para la Aplicación del CMCT, en el cual se hacen las siguientes consideraciones respecto al artículo 8:
a.    El deber de proteger contra la exposición al humo de tabaco, consagrado en el texto del artículo 8, está basado en las libertades y derechos humanos fundamentales. Habida cuenta de los peligros que entraña el inhalar humo de tabaco ajeno, el deber de proteger contra la exposición de humo de tabaco está implícito, entre otros, en el derecho a la vida y el derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud, reconocidos en numerosos instrumentos jurídicos internacionales (entre ellos la Constitución de la Organización Mundial de la Salud, la Convención sobre los Derechos del Niño, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales), incorporados oficialmente en el Preámbulo del Convenio Marco de la OMS y reconocidos en las constituciones de muchos países.
b.    El deber de proteger a las personas contra el humo de tabaco se corresponde con la obligación de los gobiernos de promulgar leyes que las protejan frente a las amenazas a sus derechos y libertades fundamentales. Esa obligación se hace extensiva a todas las personas, y no se limita a determinadas poblaciones.
c.     Varios órganos científicos autorizados han determinado que el humo de tabaco ajeno es un carcinógeno. Algunas Partes en el Convenio Marco de la OMS (por ejemplo, Alemania y Finlandia) han clasificado el humo de tabaco ajeno como carcinógeno, y han incluido en su legislación en materia de salud y seguridad la prevención de la exposición al mismo en el lugar de trabajo. Por consiguiente, además de las prescripciones establecidas en el artículo 8, las Partes pueden estar obligadas a abordar el peligro que entraña la exposición al humo de tabaco, conforme a sus leyes vigentes que afecten al lugar de trabajo o a otras leyes que regulen la exposición a sustancias nocivas, incluidos los carcinógenos.

Como puede verse, esto no se trata de inventos en el país ni de los legisladores, sino más bien de una tendencia mundial; basada en el reconocimiento de lo perjudicial que este vicio puede ser tanto para los fumadores como peor y con agravantes para los que reciclan su humo.
 Y como bien lo decimos, es precisamente el humo de la gente el perjudicial; y aquí si ya es en sentido figurado. A mucha gente se le han subido los humos al grado que no tienen ni la más mínima consideración para su prójimo. Para el que inevitablemente tiene que soportar la nauseabunda humareda vomitada por cualquier desconsiderado.
Esto es así, porque más de alguno ha rebosado de en parte ignorancia y en más egoísmo, al proferir hasta ofensas al gobierno porque según ellos, quieren ordenarle lo que deben y no deben consumir coartando su derecho de libertad individual según su punto de vista.
Lo que el espíritu de la ley del tabaco pretende o debería pretender es precisamente el respeto al derecho individual de todas las personas; y no al derecho de unos pisoteando el derecho de los demás.
Así, el que quiera envenenarse que lo haga pero el lugares donde no exponga con su veneno la salud de los demás. Simple principio de convivencia: el RESPETO a los demás.

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