junio 19, 2011

66- VOTACION DEMOCRATICA Y CONSENSUADA (Dec. 743)

Seguramente el decreto 743, será uno de los más perdurables números en la memoria de todos los salvadoreños, en vista del almodrote que ha generado y las arraigadas pasiones que ha despertado en los diversos sectores de la sociedad.
La gama de posiciones en que se han atrincherado los que han logrado hacer escuchar su voz, se ha desplazado desde los que aluden a la defensa de la democracia como el sistema de votación a fin de hacer prevalecer la voluntad de la mayoría; hasta los que avocaron la necesidad de consensuar los planteamientos en estudio a fin de que estos sean lo suficientemente escudriñados y no incurran en decisiones apresuradas, sin suficiente análisis y hasta posiblemente con desviaciones de tipo ideológicas.

EL ORIGEN DE TODO
En cada una de las visiones extremas en cuestión (votación por mayoría o por unanimidad) existen sobrados argumentos que defienden sistemáticamente los posibles resultados, siempre y cuando estos se abordaran con el buen ánimo del deber ser.
No es nuestro propósito estudiar ambos planteamientos ni mucho menos darle la razón a alguna de las posiciones; sino más bien, meditar en el ¿Por qué no?, ya que a nuestro criterio, aquí es donde está la solución al verdadero problema, así es, en el ¿Por qué no?.
Reiterando, la solución está en el ¿Por qué no es nuestro tema estudiar ambos planteamientos?, pues nada ganaríamos tomando posición y antagonizando; y ¿Por qué no damos la razón a alguna de las posiciones?, pues con cualquiera de las dos se podrían hacer bien las cosas; o bien, se podrían hacer mal las cosas; y todo depende, del mismo corazón del hombre, ya que nuestros razonamientos declaran la rectitud de nuestro corazón (Job.33:3).

El planteamiento que siempre hemos sostenido es que el verdadero problema no está en los sistemas ni en los conceptos, ya que estos, en su estado natural o puro, son viables a partir de la factibilidad con que fueron concebidos; más bien, el verdadero problema, está en las personas y los intereses que los motivan a hacer lo que hacen.
Y eso es precisamente lo que ha salido a relucir luego de varias jornadas de polémicas; incluso, los mismos protagonistas han declarado sus propias razones por las cuales han fijado sus posiciones; y en todas y cada una han relucido motivos e intereses particulares aún en detrimento del bien común y visión de país, que motivaron acciones incluso impulsivas.
En suma, las exacerbaciones individuales inhibieron de tajo la consideración de los efectos, de la trascendencia, del significado y de las reacciones de la primera y quizá única medida que se les ocurrió para solucionar el posible problema que parecía ofuscar el ambiente.
Porque a decir verdad, el verdadero problema de fondo estaba causando molestia a todas las esferas del ámbito político.

LA TRAMA DEL PROBLEMA
La sala de lo constitucional, conformada por cinco magistrados, se supone que debería funcionar bajo el criterio individual de cada uno de sus miembros a fin de garantizar resoluciones democráticas; pero el quid de la situación es que ha venido funcionando en bloque de cuatro contra uno, cada cual, de alguna manera identificados con una forma de pensar específica.
Lo lógico sería que existieran votaciones heterogéneas; es decir, alguna vez de tres a dos, otra de dos a tres, otra de cuatro a uno y otra de uno a cuatro.
Esto se observa en la asamblea legislativa, a pesar de todo; ya que suelen darse situaciones heterogéneas en este sentido; en donde los partidos pequeños tienen la libertad  de adherirse a veces a uno de los grandes y otras veces al otro según sus propias “visiones”.
Solo basta ver el escenario antes y después al decreto 743: fue aprobado el 2 de junio con los votos de los partidos ARENA, GANA, PCN Y PDC; ahora, solo ARENA pide su derogatoria y los partidos que lo apoyaron mantienen su postura; por otro lado, el partido FMLN que no votó a favor; ahora tampoco quiere votar en contra. Todo esto evidencia, que existen “visiones” diferentes sobre el asunto.
Solo imaginemos si los cuatro partidos identificados como de derecha votaran siempre en bloque, sería obvia una sola “visión” con obvias posibilidades de tretas o confabulaciones.

EL CONCEPTO DEMOCRATICO
Por supremacía y por la experiencia en el mundo entero, el sistema democrático (mayoría), teóricamente, es el que más ha garantizado la canalización de la voluntad popular. Es más, hasta es usual el término en campañas políticas “a beneficio de las grandes mayorías”.
No obstante, el problema que nos ocupa tiene sus propias particularidades.
Lo que más llama la atención es la falta de consistencia desde el punto de vista conceptual.
Si pudiésemos actuar con verdadero sentido de servicio al país, poniendo en práctica el valor humano de la integridad, en realidad ambos conceptos fueran viables.
Nuestro planteamiento de viabilidad se basa en una experiencia por la cual todos hemos pasado desde los primeros niveles de escolaridad llegando incluso al trabajo de graduación en la universidad: los trabajos de grupo.
La principal característica de esta forma de trabajar es que todos aportábamos y abonábamos hacia un proyecto común y era raro o casi nulo los intereses particulares; así que funcionaban sutilmente ambos mecanismos simultáneamente para concretar acuerdos: por mayoría y por consenso.
La esencia sana de ambos conceptos implicaría:
POR MAYORIA: porque permite verter a cada quien sus propias opiniones, planteamientos y aportes de forma objetiva sin ataduras ni sesgos de ningún tipo, más bien con visión de grupo.
POR CONSENSO: porque aún con la dificultad natural que representa, permite al final obtener un producto homogéneo y colegiado; orientado con una sola visión vinculante de grupo, que obliga a subyugar visiones personalizadas o sesgadas hacia una convergencia orientada al bien común.

LA REALIDAD
Desafortunadamente, en la práctica nos encontramos con otra realidad, en la cual las deformaciones son obvias y nos muestran una disfuncionalidad del concepto.
Por ejemplo, los que sostienen el argumento que el hecho de que si las resoluciones fueran por unanimidad atentaría contra la democracia porque esto significaría darle el poder a un solo magistrado de la sala, lo que hacen es evidenciar por lo menos tres grandes síntomas de una grave enfermedad moral en la política:
1) Reconocimiento y aceptación del funcionamiento de la práctica sistemática en bloque de cuatro contra uno.
2) Que los magistrados no pueden ponerse de acuerdo.
3) Darle el calificativo a un voto “con poder de veto” en un sistema de votación, implica su desestimación y descalificación en el otro sistema de votación.
Es decir, que se está funcionando en forma antidemocrática, sesgada o con intereses dirigidos; enfermedad que subsistiría aún con cualquier sistema de votación.
Por esta razón, lo que urge, no es una limpieza de personas, sino una limpieza de las personas. Una reformación de tantas imperfecciones morales: integridad y rectitud de corazón.

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