abril 24, 2011

57- ENTRE LA MUERTE Y LA RESURRECCION

"Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilatos, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré.
Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero.
Y Pilatos les dijo: Ahí tenéis una guardia: id, aseguradlo como sabéis. Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia." (Mt.27:62-66)

En todos los acontecimientos de la vida, sean estos buenos o malos, siempre existe una causa. Siempre existe un origen que es donde se gestan las bases que le van dando forma a los sucesos desde el más pequeño hasta el más grande.
Esta es una ley lógica que rige la vida por generaciones y encierra una verdad elemental y muy sencilla: para que algo suceda, tiene que haber un principio.
Todos los grandes eventos de la historia no comenzaron ahí donde se dieron; existe toda una trama de pre eventos que le propiciaron, alimentaron y dieron vida.
De esta misma manera es que los problemas surgen, se agravan y hasta terminan en desgracia simplemente porque NUNCA se valora el tiempo intermedio entre la causa y el efecto; entre el origen y el resultado. No se hace nada y solamente se espera el desenlace que normalmente es un triste resultado.

A. ¿QUE HICIERON LOS RELIGIOSOS?
Jesucristo fue crucificado a pesar de todos los prodigios y milagros que hizo; a pesar de su mensaje de poder y amor. Pudo más el orgullo, la envidia y todos los males de los religiosos de aquellos tiempos.
Jesucristo no fue crucificado por el pueblo sino por los religiosos; la gente le seguía y creía en El; pero muchos fueron imbuidos por religiosos mal intencionados que vieron su poder e influencia en peligro.
El velo del templo se rasgó, el cielo se oscureció, la tierra tembló, las rocas se partieron, los sepulcros se abrieron y muchos cuerpos de creyentes se levantaron y aparecieron en la ciudad (Mt.27:52).
Nosotros vemos la historia y nos resulta muy fácil creer: ¡Verdaderamente éste era el Hijo de Dios!; ¡Se cometió un grave error!; ¡Se equivocaron!; ¡Arrepintámonos!; ¡Pidamos perdón!; sin embargo, en aquel momento nadie dijo nada. Entonces, ¿Qué hicieron los religiosos el día sábado?.
Tuvieron todo un día para meditar y evaluar el error que habían cometido. ¿Acaso no conocían la Biblia y lo que estaba escrito respecto al Mesías?.
"El dijo que resucitaría al tercer día, entonces esperemos la victoria del Señor" es lo que nosotros hubiéramos dicho; pero los religiosos no querían ceder; estaban entregados a su razón y querían asegurarse que Jesús no saliera de la tumba por lo que la sellaron y la custodiaron.
Tuvieron todo un día para meditar y convencerse de la veracidad del Hijo de Dios, pero prefirieron hacer valer sus erradas creencias y su enfermo orgullo: ellos eran los líderes y no podían aceptar siquiera una cota de humildad.
Perfectamente estaban consientes que habían cometido un error al decir: "El postrer error será peor que el primero", nótese que claramente sabían de su error pero lejos de arrepentirse fortalecieron su errática posición; valía más su enfermizo orgullo.
Esta es una enfermedad mental que aún permanece en nuestros tiempos y en todo el mundo. Muchos daríamos hasta la vida por hacer valer nuestro modo de pensar, imponer nuestro orgullo; y aún así nos atrevemos a gritar a aquellos religiosos: ¡Reflexionen!, pero...

B. ¿QUE ESTAMOS HACIENDO NOSOTROS?
Nos encontramos en un momento similar al de aquellos religiosos. Hemos visto la muerte y resurrección de Jesucristo y ahora estamos entre la resurrección y el rapto.
Todo se ha cumplido y ahora lo próximo a suceder es el levantamiento de su iglesia.
Nosotros no hemos tenido solo un día para meditar y comprender su grandeza; hemos tenido muchos años, un tiempo intermedio muy largo.
Supongamos que ayer viernes fue la resurrección y mañana domingo será su retorno, ¡Qué haríamos este día en vista del inminente suceso de mañana?.
Tal vez nos invadiera la zozobra; tal vez la desconfianza o hasta la duda; o quizá nos regocijáramos; pero lo más sabio y lógico de hacer sería arreglar nuestra vida.
¿Qué estamos haciendo?, ¿Cómo estamos viviendo la vida?, ¿Cómo estamos esperando a nuestro Salvador?. Es tiempo de reflexionar.
El himno inspirado "FELICES LOS HOMBRES" es muy significativo, porque a través de sus cuatro estrofas se puede apreciar la vida del cristiano. Cada estrofa representa una etapa de su desarrollo espiritual.
Fácilmente con un poco de meditación podemos ubicarnos donde nos encontramos, y luego dirigir todo nuestro esfuerzo hacia el logro de la etapa culminante que es la espera confiada del regreso de nuestro Señor y Salvador:
a)  PERDONADO:
¿Verdaderamente nos hemos convertido o simplemente somos religiosos que ya nos acostumbramos a un estilo de vida de ir y venir a la iglesia?. Recordemos que ser cristiano es una forma de vivir la vida íntegramente en armonía con Dios. Ser cristiano en todo momento y lugar simplemente porque Dios vive en nuestros corazones.
b)  LLENO:
¿Cuál es nuestro nivel de entrega?, ¿Pertenecemos a Dios?, ¿Podemos decir que somos adoradores en espíritu y verdad?. Es muy hermoso poder experimentar diariamente ese acercamiento espiritual con nuestro creador a tal grado de olvidarnos de nosotros mismos, disfrutando su presencia y escuchar su voz entre nuestros pensamientos.
c)  LLEVA EL MENSAJE:
¿Qué hemos hecho como cristianos?. Tenemos la gran comisión la cual es responsabilidad de todos: Ir y hacer discípulos. No solo convencerlos y abandonarlos a su suerte, sino acogerlos, discipularlos y hacerlos verdaderos cristianos. Muchas veces podemos hacer mejor esta obra con nuestro testimonio: ser luz en el mundo, ejemplo a los demás; que la gente note que somos cristianos y nos tengan por ejemplo y no por vergüenza de nuestras iglesias.
d) ESPERA LA VENIDA:
Si has hecho todo esto puedes esperar al Señor confiadamente. Puedes considerarte un hombre feliz porque tu corazón y tu alma está anhelando el momento en que seas recibido en las Bodas del Cordero. ¿Esperas al Señor?, ¿Anhelas su venida?.

Estamos viviendo en un sábado que se nos ha prolongado lo suficiente como para prepararnos bien para lo que está por venir.
Ya conoces el origen, ya sabes cuál es la causa y perfectamente sabes lo que ha de acontecer.
Entre la muerte y la resurrección no pudieron hacer nada aquellos religiosos de antaño.
Entre la resurrección y su pronto regreso tú puedes salvar tu alma.

San Salvador, 22 de abril del 2000.

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