abril 10, 2011

55- ESPECULACION

Aunque son muy pocos pero existen negocios donde sus propietarios conscientes no han incrementado los precios de la comida.
En un negocio de supervivencia de venta de comida, la propietaria concienzudamente razonaba “vamos a ver como salimos así”; es decir, había hecho cálculos de que podría absorber el incremento y esperaría los resultados.
En cambio, un especulador manifestaba “para mí mejor que suba el gas; así aprovecho para subir el precio”. Desafortunadamente, este último planteamiento es el más generalizado en todo el sector productivo y comercial por lo que se ha visto en estos días a través de los medios.
Los cierto es que la reciente modificación al subsidio al gas propano ahora llamada focalización ha generado todo un “revoluto” principalmente por su concepción e impacto social, económico y político.
Ya lo auguraban muchos analistas, que cualquier modificación a esta medida generaría caos. Y otro analista manifestaba que este es uno de los subsidios que desde cualquier óptica y administración siempre manifestará inequidad.

SU CONCEPCION

La idea de la focalización hacia los que verdaderamente lo necesitan, surge principalmente bajo el argumento de las astronómicas cifras de contrabando en vista de que el precio subsidiado en nuestro país era hasta de un 70% menos que el precio de mercado en el resto de países centroamericanos. Se mencionan cifras alrededor de los 39 millones de dólares anuales en contrabando y del 25% del volumen respecto al consumo nacional que ronda por los 54,000 tambos diarios según las autoridades.
¿Acaso no se hubiera eliminado este problema atacándolo desde la raíz?.
13,500 tambos diarios no se sacan tambo por tambo; lo que verdaderamente falta en esto y en toda la gestión pública, es un efectivo sistema de control. La posibilidad de rastrear hasta el último tambo que sale de la planta. Obviamente aquí hay mucha tela e intereses que cortar.
Por ejemplo, se nos ocurre a la ligera, que un número de serie por tambo desde la planta obligaría a facturarle como corresponde a través de toda la línea de distribución hasta el último consumidor, proporcionando más herramientas para perseguir cualquier posible delito. Y esto con una simple práctica que debería ser cultural: facturar.

Por otro lado, muchos piensan que es una medida en el orden del miserable odio de clases, ya que algunos fanáticos rebosan de alegría porque ahora sí se van a “fregar” los pudientes ya que dejarán de recibir el subsidio generalizado.
Si esto último fuera así, triste manera de pensar, porque los verdaderamente afectados son las clases más desposeídas, en el sentido que se han visto en serios problemas para orientar el dinero recibido realmente para el gas; las cuantiosas horas-hombre desperdiciadas en los centros de atención, y principalmente, un alza generalizada en los precios de los platos de comida, que precisamente consumen las clases más desfavorecidas.
¿Cuál podrá ser el impacto de $15.00 a un salario mínimo ($207-$300) en familias que ocupan el gas todo el día; comparado con los que ganan más de $1,000.00 y apenas utilizan el gas diariamente?; ni mencionar a los verdaderamente pudientes cuyos ingresos fácilmente pueden superar los $5,000.00. Tal objetivo simplemente resulta ilógico aparte de perverso.

LA REALIDAD

Desafortunadamente, en nuestro medio todo es incertidumbre, especulación y avaricia. Absolutamente todos están pensando cómo sacar provecho a la situación. Algunos incluso en el último día comprando al precio subsidiado aún con el tambo medio lleno. Todo esto propiciado por medidas y políticas mal concebidas.
Adicionalmente contribuye la falta de estudios serios sobre estándares de consumo. Por ejemplo, no se sabe el promedio de horas que puede rendir un tambo de 25 libras que es el más popular.
Aún así, a grosso modo puede estimarse que el impacto en la estructura de costos del nuevo precio del gas, andaría para el caso de las tortillas (consideradas básicas e infaltables en la mesa salvadoreña) a menos de un centavo de dólar por tortilla y por ende igual para las pupusas; y para el caso del plato de comida promedio popular alrededor de 0.10 centavos de dólar; esto sin considerar ningún tipo de subsidio.

IDEALISMO

Significa entonces, que si los propietarios de los negocios tuvieran un poco de RESPETO por sus clientes y asimismo la población en general por sus prójimos, definitivamente habría un impacto, pero este sería mínimo y hasta cierto punto soportable; además, sin necesidad del subsidio que en realidad es una práctica perjudicial para los mercados y una mala costumbre para la población.

DERECHOS RESERVADOS © 2009-2018 REFLEXIOTECA | EL SALVADOR | comentarios@reflexioteca.com