marzo 20, 2011

52- ESTUDIANTES EMBARAZADAS

Sendas disposiciones legales se están gestando en este momento en el seno de diferentes comisiones de la asamblea legislativa, las cuales buscan al final de cuentas que niñas embarazadas puedan asistir libremente a estudiar sin ningún tipo de repercusión.
Estas decadencias se están legalizando en la Ley General de Educación y en la Ley de Equidad e Igualdad según manifiestan algunos funcionarios.
Esto no es más que otra de las evidencias contundentes del desgaste moral de nuestra sociedad. Se trata de situaciones tendientes a querer ser aceptadas como normales.
De hecho, existen culturas donde el papel de la mujer es tan vituperado que con solo que las niñas ya comiencen a desarrollar o sus pequeños cuerpos a tomar forma de mujer ya son consideradas “listas” para la brega sexual y para “parir”.
¿Es a eso a lo que queremos llegar?.

La premisa fundamental a este fenómeno es que “no es normal que niñas y adolescentes que están en plena etapa de preparación para convertirse en personas productivas y dignas; en plena etapa de maduración mental y de personalidad; sean sorprendidas abruptamente con una responsabilidad apta para personas adultas, solventes e independientes”.
La segunda premisa, es la considerable cantidad de riesgos reales que amenazan la salud y la vida tanto de la madre como de la criatura, derivados del mismo hecho de tratarse de embarazos precoces.

Es vergonzoso que en nuestras culturas la deformada realidad empuja la institucionalidad y no al revés como debería ser. Ya que estas iniciativas son solo la legalización de una preocupante realidad que por muchos años han señalado quienes atienden la incidencia de este mal.
Instituciones revelan que desde el año 2006 han aumentado los partos de adolescentes pasando de 25% al 31% para 2010; la misma fuente menciona que la cifra podría llegar hasta el 41%. Esto implica que dentro de unos cuantos años, la mitad de los partos serán de adolescentes.

Una institucionalidad responsable no propicia que las niñas vayan por ahí con permiso para embarazarse constituyendo esto graves impedimentos al desarrollo personal y del país; sino más bien debería fomentar y procurar que esto no suceda, con la finalidad de facilitar el natural desarrollo y la adecuada preparación de las nuevas generaciones.
Realmente es vergonzoso que se piense en todo menos en formar el carácter.
Por ejemplo, a nadie se le ocurre que a estas niñas que la misma inmadurez las coloca en una responsabilidad prematura sean obligadas a asistir a charlas o terapias de concientización sobre maternidad responsable y las formas de afrontarla; mismas que ciertamente deberían ser obligatorias dentro de los programas de educación; en esto realmente valdría la pena que se estuviera pensando.
De todo se prevé en estas propuestas a fin de dejar lo más claro posible el libertinaje; pero nada de nada sobre alternativas, apoyo u orientación tanto previa como pos.

Considérese que aunque no existen cifras oficiales, este fenómeno tiene mucho menos incidencia dentro de las iglesias; pero... será que a nuestras ilustres autoridades no se les ocurre a qué se debe.

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