febrero 20, 2011

48- ESTADISTICAS SOBRE VIOLENCIA EN EL 2010

Las estadísticas no son simples cifras frías, al contrario son elocuentes indicadores de situaciones específicas.
Aun con las conocidas discrepancias en los datos entre la fiscalía, policía y medicina legal, se han oficializado esta semana 4,005 homicidios durante 2010.
Para tener un contexto sobre la gravedad de nuestra extrema violencia, comparemos las cifras del vecino país de Guatemala, quien aún con todos sus problemas de crimen organizado propiciado por su proximidad limítrofe con México y sus extensas áreas boscosas de difícil control, reporta un poco más de 6,500 homicidios para el mismo período.

Con estas cifras la tasa de homicidios (por cada 100,000 habitantes) en Guatemala sería de 43; mientras que en El Salvador sería de 57; esto es 14 puntos más en nuestro país.
Visto de otra manera y considerando que Guatemala tiene el doble de población que nuestro país; esto implicaría para nosotros 8,010 homicidios (7mill=4005; 14mill=8010); es decir, que nosotros estamos generando un 23% (8010-6500/6500x100) más de violencia mortífera que nuestro vecino país.

Ante esta grave situación, causa mucha pena escuchar las voces de los sectores vivos de la sociedad apuntando y disparando toda clase de planteamientos, desde achacar ineficiencia a la función de seguridad del gobierno, hasta proponer políticas macros institucionales; pero absolutamente nadie con influencia se pronuncia por llegarle al problema desde la raíz básica y elemental como es el hogar.
Así de sencillo; así de radical; así de efectivo.
La violencia social debemos erradicarla desde sus cimientos en el seno de la familia.
Es cuestión de elemental formación simplemente enseñar a nuestros hijos a respetar al prójimo.
Si tu hijo desde sus primeros años levanta su mano para agredir a otro niño, abre tus ojos y haz algo, porque desafortunadamente es fuerte candidato a perpetuar esta espiral de insaciable violencia social.
El más simple dirá, ¿Pero qué niño no pelea?; pues la respuesta es también simple: el que es bien educado. Son pocos, pero en más de alguna ocasión hemos tenido el gusto de conocer a algún niño con buen comportamiento que no agrede a otros niños.
La solución no es inmediata, hay que sembrarla ahora para que pueda ser cosechada por nuestros hijos.

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