enero 23, 2011

44- BRUTALIDAD SOCIAL (1)

Los primeros días de este año ya nos deja el primer caso de brutalidad social publicado a través de los periódicos: por una disputa vial desde un vehículo fue atacado a balazos un motorista del transporte público logrando este sobrevivir.
El año recién pasado nos dejó ejemplarizantes casos de semejante abrupto social que terminaron trágicamente en muerte y siempre por motivos aparentemente insensatos e insignificantes.
Considérese que estos casos son solo los que han logrado trascender al conocimiento público a través de los medios; pero el mal cruza cada esquina deformando toda sensibilidad humana.
En realidad las historias podrían contarse por docenas en cada municipio.

En más de alguna ocasión hemos tenido que soportar paciente el hastío de la música estridente del vecino; de niños sin ninguna supervisión en algarabía a altas horas de la noche; impertinencia de conductores que se abalanzan con prepotencia y tanto más.
Llama la atención que en todos estos casos que han trascendido a la opinión pública aparece como factor común los vehículos.
Parece que el margen de independencia y fuerza adicional que proporciona el automóvil es tomado como factor expresivo de tan extendido mal de prepotencia.
La brutalidad social es propiciada cuando se conjuntan dos personas con tremendos defectos capitales de personalidad: un soberbio y un prepotente; aún más, cualquiera de los dos puede contar con ambos defectos.

El prepotente es el imprudente que origina la acción, sobreponiendo sus intereses en detrimento y menosprecio de cualquier consideración al semejante convirtiéndose normalmente en una agresión.

El soberbio es el que sin ninguna tolerancia responde con ímpetu y violencia a la agresión normalmente sin medir las consecuencias e impulsado por su único código de acción: "sobre todo yo".

La tolerancia y la humildad son los valores más desconocidos y pisoteados en nuestro medio.

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