enero 09, 2011

42- CRUDA VIOLENCIA SOCIAL


Este año que estamos clausurando ha tenido una particular connotación de violencia extrema con hechos macabros y terroríficos que estremecen toda sensibilidad humana.
Incluso su mención tiene un efecto emocionalmente perturbador por lo que solo citarlos roza los linderos de la imaginación más despiadada, con un hilo casi invisible hacia el mismo infierno.
Y todos nos saciamos en la repulsión, en el rechazo y en la indignación como si no tuviésemos nada que ver en tan deplorable debacle moral.
Y ciertamente nos encontramos en esa vergonzosa encrucijada en la que SI tenemos mucho que ver; pero al mismo tiempo NO tenemos nada que ver.

Sí tenemos mucho que ver, porque nos engreímos en nuestros círculos sociales, en las oficinas, universidades, incluso iglesias y familias, en donde si bien es cierto no se dan homicidios ni extorsiones al crudo estilo, el trato deja mucho que desear.
Relaciones que se reducen al mínimo de necesidad de interacción y que rebosa de placer en la ridiculización de los semejantes.
La confianza y el aprecio de los amigos consiste en hacer las bromas más voraces y son esas agresiones las que más divierten al resto del grupo.
Cualquier esbozo de refinamiento o amabilidad es simplemente desconocida o bien objeto de malicia.
Las relaciones sociales, el trato entre las personas se encuentran perfectamente sintonizadas con el hervor de violencia sangrienta que crepita en las calles. Respuestas pedantes, reacciones defensivas ó agresivas y ridiculizaciones, es lo normal que podemos esperar de la mayoría de personas que nos rodean.

Y al mismo tiempo no tenemos nada que ver, para nuestro infortunio y vergüenza. Porque siendo países cristianizados (más del 80% entre católicos y evangélicos) el efecto de nuestra supuesta fe es neutralizada o simplemente no existe.
Con 8 de cada 10 personas religiosas ¿No sería lógico pensar que nuestra influencia podría hacer cambiar el medio hacia nuestra fe, hacia el bien, hacia el amor y respeto al prójimo?.
Con mucha pena tenemos que reconocer que la mayoría de ese 80% de religiosos en realidad no somos nada, no hacemos nada, y al no hacer lo que debemos hacer simplemente estamos en las filas del mal aún dentro de las iglesias.
El Maestro lo dijo claro, “El que no es conmigo, contra mí es, y el que conmigo no recoge, desparrama.”  (Mt.12:30); así que no hay términos medios ni neutros, alguien que se considere cristiano neutro o mal cristiano no es tal, sino más bien un enemigo cristiano que desparrama, que pisotea la obra de Cristo.
No es ir todos los días a la iglesia, sino es ir todos los días con la iglesia; que causemos efecto cristiano en nuestro entorno y no que el entorno nos cause su afecto.

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