diciembre 01, 2010

34- EN EL DIA MUNDIAL CONTRA EL SIDA


La Organización Mundial de la Salud (OMS) en su Asamblea General en 1998 declaró el 1 de diciembre de cada año como Día Mundial del Sida. 
Desde el 2005 al 2010 el tema de la campaña ha sido: “Stop Aids: Keep the Promise” (Detén el SIDA: Mantén la Promesa).
La filosofía de la campaña ha tenido algunas variantes de enfoque según el país y organizaciones impulsoras; desde las más recatadas que llaman al respeto hacia los afectados, promover la prevención y buscar su curación; hasta los que aprovechan para posicionar el reconocimiento de la identidad sexual ambigua.
Es en este contexto que se muestra el excedido y desbordante morbo de los libertinos evidenciado en que aprovechan la menor oportunidad de cualquier declaración malograda de algún líder para abanderar la interpretación más aberrada.
Recientemente un líder religioso de influencia mundial vertió una declaración desafortunada sobre el uso de los preservativos, en una entrevista donde el punto precisamente era el tema del SIDA y cuya intención era enfocarse en el aspecto salubre o función profiláctica y no la función anticonceptiva, las cuales son dos interpretaciones completamente diferentes aunque consecuentes.
Lo que dijo fue que su uso puede considerarse como “un primer paso a la moralización”, pero “no es realmente la manera de lidiar con el mal de la infección por el VIH”, sino “con la intención de reducir el riesgo de infección”.

Sobre estas declaraciones existen incluso diversidad de traducciones a cual más manipulada.
Pero en nuestro país ya aparece alguien pro-libertinaje en los medios de comunicación declarando su complacencia porque significaba un primer paso hacia el “reconocimiento de la diversidad sexual”. ¿Y de dónde habrá sacado tal aseveración?.
Luego, otra organización en pleno centro de San Salvador y frente a la catedral desarrolló una actividad malintencionada explicando el uso del preservativo y distribuyendo muestras.
De las dos posibles interpretaciones y aunque la declaración especificaba cual era la intención, resulta que hoy todo gira en torno a la interpretación equivocada. ¿Cómo es posible que la sociedad esté tan confusa y propensa al libertinaje?.
Alguien dijo, “Como si porque lo diga él, la gente ya no lo utilizará”. Ese es el punto. Esta sí es una declaración sincera y realista. De ahí la forma inapropiada que se abordó el tema y la picardía del periodista para tramar y concretar la controversia y asegurar la venta del libro.

Un estudio dentro del Programa Global de VIH/SIDA del Banco Mundial, realizado en nuestro país incluyendo los diversos grupos de riesgo y población en general arrojó resultados contundentes: el 97% de la población tiene conciencia de que hay formas de protegerse contra esta enfermedad reconociendo el uso del preservativo; y el 80% de las y los trabajadores del sexo utilizan el preservativo sistemáticamente.
En otro estudio de la USAID a través de la PASMO se encontró que en el 89% de las “zonas rojas” de El Salvador se utilizan productos para evitar el contagio de enfermedades sexuales.
Entonces, ¿Cuál es la alarma?.
El verdadero problema está en la mente perversa de la población con bajo perfil moral que busca la menor oportunidad para dar rienda suelta a sus instintos.
Por ejemplo, resulta paradójicamente inconcebible que en la ciudad de Buenos Aires en el año 2005 se haya construido un monumento de 15 metros de altura con la forma de un preservativo bajo el alifafe de conmemorar el día internacional de lucha contra el SIDA, en lugar de erigir algo más positivo, como por ejemplo un monumento con una pareja promoviendo la fidelidad como la más efectiva y sana forma de prevención. Es obvia la perversidad en que ha caído nuestra sociedad.

Una ilustrativa comparación del Comité Independiente Anti-SIDA plantea un poderoso remate a la insípida polémica al cuestionar sobre la verdadera raíz del mal: “¿Se podría reducir, en un juicio, la condena a un violador, porque usó (preservativo)?”.
Anteponer el uso del preservativo a la fidelidad conyugal como prevención al contagio de esta enfermedad es una de las más perversas formas de promover el libertinaje en la sociedad.
Qué tan difícil resulta entender que el remedio más simple y económico a todos los problemas de transmisión sexual es el simple principio: “sin promiscuidad sexual no hay enfermedad”.

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