septiembre 01, 2010

24- GUANACOS NUNCA MAS

Aunque a muchos salvadoreños les es indiferente este gentilicio, existen varias razones para considerarlo fuera de lugar y en algún momento quizá hasta agraviante.

De por sí la palabra no tiene nada que ver con nuestros orígenes, ya que proviene de un vocablo quechua correspondiente a una tribu precolombina peruana.
Cuenta la casi ya leyenda, que en el traslado de una de las más grandes riquezas que encontraron en nuestras tierras los españoles durante la época colonial, como es el bálsamo, establecieron una ruta de traslado vía puerto Callao en Perú para llegar finalmente a España y Europa.
Tal ruta, según algunas versiones era para despistar a los piratas ó porque los españoles querían ocultar el origen real entre otras.
El asunto es que muchos de nuestros pobladores eran utilizados en tales embarcaciones y al observar sus rasgos les comenzaron a llamar como el artiodáctilo propio de la Cordillera de los Andes y obviamente no de buena fe.
Así llegó a generalizarse dicho calificativo en una de las más ejemplarizantes muestras de subyugación ya que en ningún momento se registran siquiera intentos de revertir tal trasiego.



Para el mismo diccionario de la RAE aparte del referido animal también se reconoce como un americanismo significando “persona tonta, simple”.
También las referencias que se tienen en foros en internet no es nada halagador: una de ellas alude que el animal es impertinentemente curioso (metido) y escandaloso, al grado que cuando huye de sus predadores se detiene a observar si aún lo persigue, o cuando escucha ruidos, lejos de huir sale a observar de que se trata, rasgo que dicen identificar en el salvadoreño, por ejemplo cuando oye balaceras en lugar de ponerse a salvo corre a curiosear.
Alguien dice que a ese animalito al sonarle monedas sigue a las personas, y que así es el salvadoreño, capaz de hacer cualquier cosa por dinero.
Otro se refiere a la característica de escupidor del animal, dicen que el salvadoreño lanza saliva cuando habla o tiene la mala costumbre de escupir en cualquier parte.
Alguien más incluso se refiere a lo tonto porque en la época del comercio con Perú en lugar de que vinieran de allá a traer la mercancía, los salvadoreños servían como medios de carga.



No obstante y con mayor precisión, la mejor referencia que pudiese tenerse de los salvadoreños deberían ser los “pipiles” en alusión al próspero Señorío de Cuscatlán bajo la administración de los pipiles de quienes podemos considerarnos descendientes directos; o tal vez, si acaso “pupuseros” en alusión al platillo típico propio que nos identifica y del cual gustan cuantos nos visitan y que además no puede pasar una tan sola semana sin que el salvadoreño promedio lo saboree.
Aún nos agenciamos el origen de este reconocido alimento, entre otras razones, a partir de la raíz etimológica de la misma palabra ya que proviene del nahuat, idioma de los pipiles, nuestros ascendientes.

Así que por favor, no nos llaméis guanacos nunca más.

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