julio 29, 2010

23- VETO A LA LECTURA BIBLICA

Aún con la expectativa que despertó la posible incorporación de un florilegio de porciones bíblicas al pensum escolar orientado a fomentar valores en los niños y jóvenes, de alguna manera no sorprende el desenlace de esta iniciativa por hoy fallida.
Es que realmente hubiese sido histórico el hecho de que luego de tantos años de gobiernos de derecha con similares índices de violencia no se haya promulgado ni logrado una iniciativa de este tipo; y que ahora un gobierno de izquierda subrepticiamente no tan proclive a la fe hubiese descollado en semejante antípoda.
Vista con los ojos de la integridad la iniciativa a todas luces perfilaba una traza de beneficios; pero desafortunadamente nuestra sociedad está turbada, está contaminada, como lo dice la misma Biblia: “todo designio de los pensamientos del corazón de ellos (de los hombres) era de continuo solamente el mal” (Gn.6:5); por eso es que las fuerzas oscuras del mal arremetieron desde todas sus trincheras mordazmente para opacar sus beneficios.
Así las cosas, posiblemente este haya sido el mejor desenlace, porque con la porfiada mentalidad que como sociedad manejamos los resultados hubiesen sido sin exagerar, espeluznantes.
Ya un “profe” en los comentarios de un periódico adelantaba con sarcasmo que deseaba que se leyera la biblia para enseñar a sus alumnos una lista de contradicciones alevosas que a su criterio ésta contiene, entre las que con pena citamos por lo menos una: “Invitaré a los alumnos a tomar vino, porque Jesús convirtió en vino toda el agua en las bodas de Canaán”.
Son inimaginables todas las situaciones aberrantes que se hubieran dado por el mismo pecado de desobediencia y rebelión implícita del humano en contra de su creador.

Hasta la percepción de los ciudadanos fue minada ya que de un 80% de aprobación al inicio, tres semanas después había descendido hasta el 50% según varios sondeos; donde incluso muchos de sus mismos propulsores parecían retractarse.
Al final de cuentas los argumentos de inconstitucionalidad, aún cuando no calzaban, eran la única coartada para salvar la situación.

Lo verdaderamente trágico es que esta iniciativa surge del reconocimiento casi nacional de una necesidad urgente por fomentar principios y valores para forjar una sociedad menos violenta menguando relativamente tanta maldad. Pero todos los sectores se volcaron a destruir. Y ahora desde la opacidad nos preguntamos, ¿Entonces?, ¿Qué vamos hacer?. ¡Cualquier cosa, señores!, pero es necesario hacer algo.
No tenemos visión de país, no tenemos un plan de largo plazo que articule nuestras actividades actuales hacia la sociedad ideal que quisiéramos.
Nuevamente nos sumergiremos en el día a día e iremos remendando con parches las grietas que se vayan formando hasta que el mundo entero se resquebraje sobre su propia miseria.

No obstante, debemos guardar la esperanza de que alguna semilla haya caído en tierra fértil y pueda despuntar en cualquier momento aunque sea el más mínimo de los destellos de un nuevo mañana hacia la luz.

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