octubre 01, 2009

05 CON AMOR PARA EL ATEO

El ateo ha llegado a convencerse que es ateo simplemente porque no tiene pruebas materiales sobre la existencia de Dios, aun contando con multitud de pruebas que son superiores, como el maravilloso funcionamiento del cuerpo humano, las sociedades, el mundo y el mismo universo.
Aun contando con la prueba más fuerte que es la independencia y funcionamiento de su propio pensamiento; aun contando con la prueba más maravillosa que es esa fuerza capaz de transformarnos llamada amor; aun contando con la prueba más poderosa que es el intelecto materializado en las obras y el trabajo.
Estas, son pruebas mucho más solidas, reales y divinas que la simplista prueba de ver una masa de materia sujeta a la degradación natural de este mundo material.
Yo no necesito ver esa arrobadora y poderosa sensación de felicidad que siento cada día al ver a mi hija para saber que existe el amor paternal. Jamás podría dudar de su existencia porque lo siento, lo vivo y lo disfruto aunque no lo veo.
Yo no necesito ver que guardo en mi memoria un abecedario, números y sus combinaciones, para saber que existe un idioma para expresarme. Jamás podría dudar de su existencia porque lo utilizo permanentemente aunque no lo veo.
Yo no necesito ver el internet para saber que sí existe su poderosa influencia comunicacional en el mundo moderno. Jamás podría dudar de su existencia simplemente porque ahí está aunque no lo veo.

En todo caso, lo único que necesito saber es cómo funcionan para poder hacer uso de ellas y disfrutarlas. De lo contrario todo el amor, conocimiento y tecnología estarán ahí, quizá a mi lado, sin haberme dado cuenta de sus grandes beneficios.
De hecho, mucha gente no utiliza una herramienta tan sencilla y provechosa como el correo electrónico porque piensan “que no es para ellos”. De igual manera, tristemente muchos no creen en el amor porque nunca lo han experimentado.
Dios está ahí a la par tuya simplemente esperando un clic, un asomo a la ventana de las delicias en sus campos. Solo ábrele la puerta de tu corazón y disfrútalo (Ap.3:20).

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