junio 01, 2009

03 AL HOMOSEXUAL O AL HOMOSEXUALISMO

Causa sobresalto escuchar las temerarias declaraciones de líderes religiosos en torno al tema de las preferencias sexuales. Pareciera que se estuviera abanderando más bien el formalismo que la esencia misma del yerro.
La verdad es que ya no nos sorprende la utilización maliciosa de conceptos y formalismos piadosos para fines específicos y ocultos desde todas las esferas y edades.
No obstante, compete a los cristianos comunes y honrados encumbrar el estandarte del inmaculado sacramento original.
En nuestro tiempo hemos adquirido una maduración y conciencia de respeto a la dignidad humana; y solo en mentes sombrías y enajenadas subsistirían imágenes como la lapidación de la ramera del relato bíblico.
Eso es precisamente, en lo que se supone que todos estamos claros: que respetamos la dignidad que como humanos está presente indistintamente en todos a través del soplo divino que nos ha permitido la existencia.
Pero otra cosa es reconocer y aceptar las aberraciones que la misma naturaleza permite con sus impredecibles genomas. Cualquiera intentaría en la medida de lo posible corregirse por medio del avance de la ciencia médica cualquier dedo, oreja o brazo que tuviera de más, o corregir cualquier deformación que se le hubiese gestado en su fisiología. No obstante, somos cautos, respetuosos y compasivos de todos los que padecen cualquiera de estos percances de la naturaleza.
No existe ninguna cabida, ni explicación, ni argumento en sano juicio y limpio sostenimiento bíblico para aceptar como normal el estado sicofísico sexual de quienes tuvieron esa desdicha del destino.
No se trata tampoco de preferencias. Analogando: una cosa es que alguien prefiera vestir un traje sobrio o bien prefiera un atuendo extravagante; pero otra cosa es que no quiera utilizar ropa. Obviamente, algo andaría mal.
La cruz radica en que mientras cualquier deformación fisiológica causa incomodidad al afectado, la aberración sicofísica les causa placer; por lo cual, se hace necesario el apoyo y ayuda contundente de nuestra parte, para que puedan superar y normalizar su estado como muchos lo han hecho.
Pero otra cosa muy diferente es el consentimiento de su práctica. Los respetamos a ellos más nunca lo que hacen.

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