mayo 01, 2009

02 DEFENDAMOS EL MATRIMONIO

Cuan inocuos parecen los comentarios de todos aquellos que de una u otra forma y por diferentes razones argumentan contra la sagrada institución del matrimonio.
Algunos incluso imprecan el hecho que aunque en el país cuenta con respaldo constitucional se mantienen altos índices de delincuencia, corrupción y anarquía social, suponiendo que en el seno de la familia se gesta la formación moral de las personas.
Totalmente fuera de lugar, la institucionalidad nada tiene que ver con la efectividad; por ejemplo, si así como ocurre en algunos países, la policía no logra frenar el crecimiento delincuencial y se enquista en ella toda una costra de corrupción, no implica que dicha institución tan necesaria en toda sociedad no deba existir.
De esta manera se remarca la definitiva diferencia entre la institución y su función; no podemos ni debemos permitir que con razonamientos superfluos se erosionen los cimientos del más innato, esencial y determinante sacramento.
Todo viento contrario que sople lleva clara o implícitamente el objetivo de subvertir su institucionalidad con ideas extrañas y perversas que lo convertirían en un verdadero mutante genético execrable.
En el relato del Génesis (Gen.1:27-28;2:18,21-24) que es el genuino fundamento del matrimonio, aún independientemente que para muchos es una figura simbólica y para otros un relato literal, encontramos tres aspectos trascendentales de su esencia:
Primero, Dios dijo que no era bueno que el hombre estuviera solo; más bien era necesario que contara con ayuda idónea, es decir, adecuada y apropiada, o en otras palabras, tal para cual, o bien, su complemento.
Segundo, Dios creó varón y hembra; de la costilla del primer hombre hizo una mujer y la trajo al hombre. Más claro no puede ser.
Tercero, el acto protocolario que para muchos es solo ritualismo, reviste de formalidad y legalidad la unión; desde el primer hombre se estableció una incipiente ceremonia al recibir a su esposa en un acto solemne: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona…”.
Además, en la perspectiva emocional, es el sueño de toda pareja, el magno día cuando son los reyes de la iglesia.

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