julio 11, 2011

69- LA BANDERA DEL SIDA

Llama la atención como esta enfermedad es retomada como bandera por algunos sectores para publicitarse, hacerse espacio e irrumpir en el orden natural con prácticas no tradicionales.

Según las estadísticas de la Organización Panamericana de la Salud para 2008, para el caso de El Salvador, ocupa el 19avo puesto en un trágico ranking donde los homicidios ocupan el primer lugar.
Ya hemos dicho con respecto a las personas con practicas sexuales no tradicionales, que como personas merecen nuestro respeto y comprensión; y de hecho en pleno siglo XXI no podemos aceptar que haya discriminaciones hacia estas personas. Aducirlas es irresponsable. No las hay. De hecho muchos de ellos son nuestros compañeros de trabajo, alumnos, vecinos y hasta nuestros amigos sin ningún problema.
Pero es reconocido clínicamente que su propagación no está relacionada directamente a la homosexualidad sino específicamente a la PROMISCUIDAD. Por esta razón es que existen importantes segmentos de heterosexuales contagiados.
En este sentido, nos ha causado gran decepción un programa en televisión nacional, supuestamente educativo, cuya finalidad es conocer sobre esta enfermedad; pero que su contenido es por momentos tan explícito que bien podría ser no apto para menores.
Su estructura tiene muy pronunciados cortes en donde claramente se diferencia el abordaje de la enfermedad y del homosexualismo casi de manera excluyente. Bien podría tipificarse como un programa pro gay más que educativo.
El 24 de junio del presente año, el Ministerio de Salud realizó su tradicional campaña en el marco del día Nacional de la Prueba de VIH-SIDA con resultados que pueden considerarse satisfactorios principalmente porque el índice de casos positivos bajó de 0.6% a 0.5% respecto al año pasado.
En definitiva es importante reconocer que la enfermedad del SIDA es como cualquier otra y que todas las personas indistintamente de sus preferencias sexuales podrían estar expuestas a su padecimiento; ya que el factor determinante para su propagación y contagio es la PROMISCUIDAD SEXUAL, desorden moral que padecen personas indistintamente de sus preferencias sexuales. Esto sin menoscabo de los contagios involuntarios.

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